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Newgrange:  ¿Observatorio Astronómico?



  Si enigmático, por no decir casi irresoluble, resulta pensar en los autores de los monumen-
  tos megalíticos, no lo es menos cuando nos planteamos su finalidad. ¿Qué pretendían con tan
  gigantesca tarea? ¿Por qué emplear tanto esfuerzo  en levantar unos  monumentos pétreos  de
  tal escala? ¿Habían de ser eternos?.  Esta última parece ser una de las mejores razones pa-
  ra justificar tal inversión de fuerza. Clavar grandes piedras profundamente en las entrañas
  del  dragón (utilizando un símil artúrico) era probablemente el mejor modo de evitar las i-
  nevitables consecuencias del paso del tiempo.  Además, cuando lo que se quería era precisa-
  mente ser consciente del paso del tiempo nada mejor que un sistema por naturaleza imperece-
  dero. Y es que, la investigación en este ámbito, aunque camina lenta, llena de dificultades
  y con aportaciones a veces poco significativas, ha alumbrado la hipótesis de que buena par-
  te de estos monumentos megalíticos - precisamente aquéllos que no se destinaron a servir de
  enterramientos- se dedicaban a la observación astronómica, a servir de calendarios  anuales
  o a marcar las diferentes estaciones del año. Sin duda un reloj digno de sus autores...


  Junto a un meandro del río Boyne, en Irlanda, hay un cementerio prehistórico con más  de 25
  galerías funerarias conocido como la Curva del Boyne, y que parece deliberadamente emplaza-
  do en una colina para que sus tres tumbas más suntuosas -Newgrange, Knowth y Dowth- dominen
  el fértil valle que se extiende a su pie.  El pasaje funerario de Newgrange es la  reliquia
  prehistórica más  espléndida de Irlanda, pues además de su  extraordinaria estructura  está
  repleto de magníficas tallas en la roca. Pero, ¿era sólo una sepultura o cumplía  alguna o-
  tra finalidad?.
  La tumba, saqueada y en estado ruinoso, fue  descubierta en 1699, y uno de los  primeros en
  entrar en ella fue el estudioso galés Edward Lhuyd (1670-1708), que escribió lo  siguiente:
  "Para entrar por primera vez tuvimos que  arrastrarnos; pero a medida que  avanzábamos, los
  pilares laterales iban siendo cada vez más altos, y al  entrar en la cueva vimos que  tenía
  unos 6 m de altura.  A cada lado había una  especie de celda o  compartimento; y otro  más,
  exactamente frente a la entrada".
  La galería por la que entró Lhuyd mide más de 18 m de  longitud y termina en tres  pequeñas
  cámaras resvestidas de grandes piedras. En el alto techo abovedado, las piedras -100 o más-
  están perfectamente equilibradas y se  mantienen en su sitio sin necesidad de  argamasa; en
  cinco mil años sólo se  han roto dos. Esta perfección  de diseño y ejecución demuestra  que
  los que construyeron Newgrange, hacia el 3250 aC, eran magníficos artesanos.
	
  - EL SIGNIFICADO DE LAS TALLAS
	
  Lo que de inmediato atrae la atención del visitante curioso  es la abundancia de  tallas en
  la roca.  La piedra de la entrada está  cubierta de espirales, y más  de una docena de  las
  verticales de la galería muestran trazas de decoración. También hay tallas en diversas pie-
  dras del suelo y de la bóveda, incluso en tramos de la superficie no apreciables desde aba-
  jo. La mejor de las tallas del interior es una triple espiral en el sector inferior  de una
  de las piedras verticales. En el exterior, muchas de las piedras del encintado  están deco-
  radas, y algunas, en  las partes que  quedan ocultas.  Además de las espirales, abundan  en
  Newgrange los losanges, los  trazados en zigzag y los  círculos.  Pero, extrañamente, estos
  símbolos no coinciden con los de otras galerías funerarias de Irlanda.
  Los primeros estudiosos de Newgrange no prestaron gran atención a estas decoraciones. En el
  siglo XVIII, Thomas Molyneux, profesor de física del Trinity College de Dublin, las descri-
  bió como "una especie de tallas bárbaras", y fueron muchos  los que las consideraron  meras
  ornamentaciones. En tiempos más recientes se han  realizado serios esfuerzos por  descubrir
  en ellas algún significado, más allá del efecto decorativo.  En este campo de investigación
  ha destacado Martin Brennan, quien, en su obra "La visión del valle del Boyne", analiza las
  más de 700 piedras talladas del valle.  Brennan sostiene que la mayoría de las tallas reco-
  gen observaciones astronómicas y cosmológicas, y que Newgrange se  constituyó, entre  otras
  cosas, en el mayor y más antiguo calendario solar del mundo. "Para los habitantes del valle
  del Boyne -según Brennan-, el estudio de los movimientos del sol era muy importante. Fueron
  los maestros astrónomos del neolítico".
  El afán científico no fue la única motivación de los constructores de estructuras tan nota-
  bles como Newgrange y Stonehenge, donde sí, también se efectuaban observaciones  astronómi-
  cas. Es posible que, a la vez, estudiaran el universo y lo relacionaran con sus vidas  per-
  sonales de modo directo y significativo.  Newgrange no es sólo un calendario solar o un ob-
  servatorio; parece implicar un símbolo de la propia fuerza vital. En su origen, el montícu-
  lo que cubre la galería funeraria era oviforme; en este huevo portador de vida se  abría un
  largo pasadizo conducente a una cámara subterránea, que quizá simbolizara el seno  materno.
  En su interior se eleva un gran pilar de forma fálica; e incluso los pares de bolas calizas
  encontradas en Newgrange pueden detentar un simbolismo sexual masculino.
	
  - LOS RAYOS DEL SOLSTICIO DE INVIERNO
	
  La construcción de Newgrange sabe aprovechar el más vitalizador de todos los  elementos, el
  Sol. Sobre la entrada, que debía estar sellada con una piedra, hay una pequeña abertura con
  espirales dobles y losanges  tallados en el "techo", así como puertas de piedra que  podían
  abrirse y cerrarse. La estructura está  orientada de modo tal que, en el  amanecer del  día
  del solsticio de invierno, el sol naciente penetra en el interior de la tumba por  dicha a-
  bertura, cuyas puertas deberían quedar abiertas de antemano.  Los rayos de  sol recorren la
  totalidad de la galería hasta el corazón de la cámara.
  Uno de los últimos investigadores de Newgrange fue Michael O’Kelly, profesor de arqueología
  en la Universidad de Cork, quien, el 21 de diciembre  de 1969, contempló el amanecer  desde
  el interior  de la tumba. "Exactamente  a las 9,54, hora  oficial  británica -escribió-, el
  borde superior de la esfera solar apareció en el horizonte; y a las 9,58, el primer rayo de
  luz directa penetró por la abertura y atravesó la galería, llegando hasta el límite fronte-
  ro del empedrado de la cámara del fondo.  La delgada línea de luz se fue ensanchando  hasta
  convertirse en una franja de 17 cm de anchura, iluminando de manera espectacular la tumba y
  permitiendo ver con claridad varios detalles de las cámaras, e incluso el techo  abovedado,
  gracias a la luz reflejada en el suelo. A las 10,04, la franja de luz comenzó a estrecharse
  y a las 10,15 el rayo directo dejó de incidir en la tumba".
  El solsticio de invierno es el día más  breve del año, y marca el  comienzo del año  nuevo,
  cuando las fuerzas vitales empiezan a reanimar la tierra adormecida. Quizá la triple  espi-
  ral tallada en el interior de la cámara resuma las intenciones de los constructores de esta
  mal llamada "tumba". ¿Simboliza la espiral tendida al interior, el viaje emprendido por los
  muertos, y la que señala el exterior el renacimiento? Caso de ser así, quizás en  Newgrange
  se llevara a cabo una fecundación simbólica del huevo cósmico, con el propósito de asegurar
  la continuidad del eterno ciclo de muerte y resurrección. Tal vez los sacerdotes instalarán
  en las cámaras los restos incinerados de los antepasados más venerados, para que el sol in-
  cidiese en ellos el día del solsticio de invierno, en una afirmación simbólica de la conti-
  nuidad de la estirpe.
  Newgrange es sólo una parte del complejo de la Curva del Boyne, si bien la más  espléndida.
  El conjunto de tumbas puede incluir información científica que recién ahora, cinco mil años
  después de su apogeo, comienza a ser descifrada.  Sucesivos descubrimientos  demuestran una
  vez más que el hombre prehistórico no era simple ni bárbaro, sino que poseían conocimientos
  y habilidades que escapan a nuestra imaginación.
	
	
	
(*) Fuente: Lugares misteriosos, Atlas de lo extraordinario, Ediciones del Prado.




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