Las teorías que afirman que el mito constituye una forma y una vía de conocimiento son tan
antiguas como la interpretación misma del mito. Los filósofos clásicos griegos señalaron la
imbricación de los modos mítico y racional, lo que puede también observarse en la insisten-
cia de Orígenes, un padre de la Iglesia del siglo III, en que la revelación cristiana de
Dios en Cristo puede comprenderse mejor en términos míticos. En las formulaciones de la re-
lación entre mito y conocimiento, se presentan dos tendencias fundamentales. En la primera,
el mito es examinado como un asunto intelectual y lógico. En la segunda, el mito es estu-
diado en su significado imaginativo e intuitivo, sea como un modo de percepción diferente
de las formas racionales y lógicas de conocimiento, o como uno que precede al conocimiento
racional en la evolución intelectual humana.
Una de las figuras fundamentales de la antropología británica, sir Edward Burnett Tylor,
pensaba que el mito en las culturas arcaicas estaba basado en una ilusión psicológica y en
una inferencia lógica errada, a partir de una confusión de la realidad subjetiva y objetiva
de lo real y lo ideal. Tylor creía que el mito, aunque ilógico, tenía valor moral.
El lingüista francés Maurice Leenhardt explicaba el mito como una expresión de la experien-
cia vivida de la comunidad. Leenhardt, que pasó gran parte de su vida entre los melanesios,
observó que éstos respondían pasivamente a las realidades no humanas de su entorno. No bus-
caban dominar el medio ambiente conceptual o tecnológicamente, sino que intentaban adaptar-
se y conciliarse con sus poderes y fuerzas. Acuñó el término cosmográfico para esta actitud
y asoció los mitos de los melanesios a su experiencia cosmográfica del mundo. Marett se re-
fería a su teoría como preanimismo, para distinguirla de la de Tylor, quien había llamado a
la suya animismo. Marett situó el significado del mito en una fase intelectual anterior al
surgimiento de la conciencia racional. El filósofo francés Lucien Lévy-Bruhl desarrolló
posteriormente la noción de mentalidad prelógica como una explicación del mito. Lévy-Bruhl
sostenía que la gente de las culturas arcaicas experimenta el mundo sin la ventaja de las
categorías lógicas, que ellos alcanzan su conocimiento del mundo a través de la participa-
ción mística en la realidad, y que este conocimiento se expresa en mitos. El investigador
escocés del siglo XIX, Andrew Lang, y el antropólogo alemán Wilhelm Schmidt advirtieron en
la literatura etnográfica la presencia frecuente de un dios superior, una divinidad que
creaba el mundo y después se distanciaba de él. Observaban en los mitos una distinción en-
tre este tipo de divinidad y las otras divinidades y espíritus. Argumentaban que este con-
cepto de un creador provenía de la contemplación metafísica e intelectual y no de una evo-
lución del pensamiento de lo prelógico a lo racional. En su formulación, los mitos abarcan
algo lo racional-lógico y lo intuitivo al mismo tiempo.
El rumano Mircea Eliade, historiador de las religiones, ofreció una visión comprensiva y
definitiva del mito como algo lógico-racional e intuitivo-imaginativo al mismo tiempo. En
la interpretación de Eliade, el mito revela una ontología primitiva, una explicación de la
naturaleza del ser. El mito, por medio de símbolos, expresa un conocimiento que es completo
y coherente; aunque los mitos puedan trivializarse y vulgarizarse a través de los siglos,
la gente puede usarlos para volver al principio del tiempo y redescubrir y volver a experi-
mentar su propia naturaleza. Para el filósofo francés Paul Ricoeur, el mito, expresado en
símbolos, es necesario para una seria valoración de los orígenes, procesos y abismos del
pensamiento humano.
Para no ir mas lejo y dar una explicacion mas moderna sobre mito y conocimiento, debemos
hablar sin lugar a dudas sobre "Internet", que con fines económicos, es un fenómeno que em-
pezó a desarrollarse en la segunda mitad de los años 90, fue el impulsor eficaz de una nue-
va visión de la economía y de la sociedad: la basada en la información y/o el conocimiento,
idea que venía desarrollándose desde inicios de la década. En ese periodo se consolidó la
tentación de volver a mirar las segmentaciones o exclusiones sociales en términos novedo-
sos: la conexión o no a Internet. Obviamente, bajo la premisa de que la mayor cantidad de
personas conectadas era un sinónimo de un mayor grado de desarrollo. Internet pasó de ser
una innovación tecnológica a una innovación social y la masa de información e interpreta-
ción sobre el vínculo Internet-sociedad ha sido desde entonces creciente. Internet, maquina
de comunicación, ha hablado de sí misma y ha creado un mito, que como tal tiene verdad y
fantasía. Un vehículo de este mito ha sido la metáfora llamada "brecha digital": el acceso
a la información definirá a ganadores y perdedores. Creo que, es el trabajo el que define
la brecha digital y que ésta es tanto mayor en la medida en que sostenemos el mito y no lo
cuestionamos, de modo que ganadores y perdedores están separados por la brecha del trabajo
y no la de la conectividad.
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