Los mitos teogónicos relatan el origen y la historia de los dioses. La cosmogonía hesiódica
bebe de fuentes babilónicas, hititas y hurritas. Con su Teogonía pretende explicar el uni-
verso como un Todo, cuyo devenir escapa al poder del hombre, a quien no queda otra opción
que someterse. Hesíodo sitúa el origen en el Caos; aunque no hay unanimidad sobre su signi-
ficado hoy se lo interpreta como el espacio vacío, abismo primigenio que separa la Tierra
de la bóveda celeste, o bien, el acto de la separación; la versión del Caos como desorden
primordial fue un añadido estoico ajeno al espíritu de la obra. La acción de Eros, princi-
pio dinámico, al unir la Tierra y los Cielos (Gea y Urano) comienza el ciclo de las genera-
ciones divinas. En esta obra late un espíritu monoteísta cuya finalidad es mostrar el poder
de Zeus como rey de dioses y señor de la Naturaleza. Estos tres elementos teogónicos, la
búsqueda del origen, el dinamismo de Eros y la tendencia monoteísta, continuarán presentes
en las cosmologías de muchos pensadores presocráticos, que en general, poseen ciertos ele-
mentos comunes. Otro clásico ejemplo, Atenea, surgiendo armada de la cabeza de Zeus. A ve-
ces, en las sociedades de tipo arcaico, los dioses no son preexistentes al hombre. Por el
contrario, los hombres pueden transformarse frecuentemente en cosas, en animales y en dio-
ses. Los dioses no siempre son tratados con respeto: están muy cercanos a los hombres y
pueden ser héroes o víctimas de aventuras parecidas a las de los hombres.
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