Ningun otro país, incluso China o India, ha tenido una historia tan antigua como Egipto,
que a 3000 años a.C, han alcanzado el nivel de ser una civilización. Ellos vivieron bajo un
gobierno ordenado, tenian flota comercial y construyeron grandes esculturas de piedra; y lo
mas importante de todo, ellos adquirieron el arte de escribir. Por haber vivido mucho tiem-
po atras, tuvieron que buscarse por ellos mismos la manera de hacer cosas que para nosotros
en la actualidad nos resultan muy facilies de hacer. Ellos adoptaron algunas invenciones de
los Sumerios pero hicieron de esas invenciones un uso mas extenso. En el valle del Nilo, el
temprano desarrollo de las artes y la artesania fue algo muy remarcable para las civiliza-
ciones occidentales que lo tomaran tiempo despues. Los viajeros que viajan por el rio Nilo,
pueden ver muchos majestuosos monumentos que revelan la epoca de la antiguedad.
El reino egipcio consistia en ser regido por unos reyes mas conocidos como faraones, de los
cuales se creia que era descendiente del dios Horus. Estos reyes eran respaldados por los
sacerdotes, vivian en esplendor.
Originariamente la religión egipcia era politeísta, convirtiéndose posteriormente en mono-
teísta o tal vez practicaban la zoolatría (culto a animales) creían en la encarnación en
animales, por ejemplo, Apis,el buey negro de Memfis; Meru Hur el toro blanco de Heliópolis.
Muchos historiadores dicen que los habitantes de Egipto creían en un solo Dios absoluto,
principio y fin de todas las cosas, pero hay otros, que dicen que eran henoteístas, es de-
cir, adoraban a un dios principal sin excluir a los secundarios. En Egipto nunca existió
entre ellos una verdadera religión, en el sentido de un sistema teológico unificado. La fe
egipcia estaba basada en una acumulación desorganizada de antiguos mitos, culto a la natu-
raleza e innumerables deidades. En el más influyente y famoso de estos mitos se desarrolla
una jerarquía divina y se explica la creación de la tierra. Recordemos que, para los egip-
cios la muerte no era el fin, sino el inicio de una nueva vida, para el viaje al más allá,
llevaban consigo todo aquello que habían utilizado cuando estaban vivos, como muebles, jo-
yas, comidas, etc., todo era puesto en sus ataúdes junto al cuerpo momificado. Ellos creían
que el cuerpo estaba compuesto por diversas partes: El Ba (alma), el Ka (fuerza vital) un
doble del cuerpo que acompañaba a éste durante toda la vida y, después de la muerte, se se-
paraba del cuerpo para ocupar su lugar en el reino de los muertos, y Akh (fuerza divina
generadora de la vida). Para alcanzar la vida después de la muerte, el Ka necesitaba de un
soporte material, que habitualmente era el cuerpo del muerto, este debía mantenerse inco-
rrupto por lo que, muy cuidadosamente lo embalsamaban y lo ponian en tumbas masivas. En las
paredes de la tumba, ellos grababan dibujos e inscripciones. Algunas tumbas privadas fueron
decoradas con pinturas. Las calientes arenas y el aire seco de Egipto preservó muchos de
esos objetos que se han conservado con el paso de los siglos.
- La Creación del Mundo
Está formulada en tres cosmogonías basadas en las tradiciones de tres antiguas ciudades:
Heliópolis, Menfis y Hermópolis.
a) Cosmogonía de Heliópolis:
Antes de la formación del universo estructurado, existía un océano ilimitado de agua inerte
inmerso en la oscuridad. Esto era considerado como una entidad primitiva llamada Nu o Num.
Esta vasta cantidad de agua nunca habia dejado de existir y después de la creación era ima-
ginada envolviendo el firmamento celestial donde estaban el sol, la luna, las estrellas y
la tierra, así como las fronteras del mundo inferior. El Dios Atum (Aton) es el demiurgo,
creador del universo, que ha tenido origen desde Num, en el comienzo de los tiempos para
crear los elementos del cosmos. Atum, a partir de fluidos internos, generó: Chu Y Tefnut,
que posteriormente generaron Geb y Nut, progenitores de Osiris, Seth, Isis y Nefth. Por fin
ellos producirán la población de la Tierra.
b) Cosmogonía de Menfis:
El rey Menes unificó Egipto ya que éste estaba dividido en dos reinos: el Bajo Egipto, el
cual tenia a Buto como capital, y el Alto Egipto, donde la capital era Hierakonpolis siendo
su nueva capital despues de la unificación, Menfis.
Las tradiciones de Menfis consideraban a Ptah como el Dios creador del universo, el amo del
destino, creador de los dios y originador de las cosas buenas, como los alimentos, las be-
bidas y las ofrendas a los dioses pero sobre todo, creó materia de su propio ser. En el
reinado de Ramsés II encontramos que el dios Ptah se mezcla con la deidad de Ta-tenen, que
había surgido de Num, y puede ser equiparado con la fantasía del otero primitivo. Ptah dio
vida a los dioses más antiguos (incluso Atum de Heliópoles), a través de su corazón y su
lengua. La presencia de Ptah es universal en toda la existencia del mundo.
c) Cosmogonía de Hermópolis (Khemu):
Khemu significa "Ciudad de los Ochos" y era residencia de ocho deidades primordiales, cono-
cidas como Ogdoad (un grupo de ocho). Estas divinidades estaban estructuradas como cuatro
parejas y eran imaginadas entidades personificadas dentro de la materia primitiva: los dio-
ses eran imaginados con cabeza de sapos y las diosas con cabezas de ranas serpientes.
Nun, cuya esposa era Neunet, era la personificación del Oceano Primordial, de donde fueron
sacados los elementos de creación. Amón representaba "lo que no puede verse" (el aire y el
viento). Kuk, cuya esposa se llamaba Kauket, simbolozaba a la oscuridad y Hun, esposo de
Huhet, interpretaban "lo que no tenia fin".
- Dioses Locales
De este mito de la creación surgió la concepción de la tríada, formado por un padre, una
madre y un hijo divino. Cada templo local en Egipto poseía su propia tríada. Sin embargo,
la más importante fue la de Ra y sus hijos y nietos. Este grupo era venerado en Heliópolis,
el centro del culto al Sol en el mundo egipcio. El origen de las deidades locales es oscu-
ro; a algunas de ellas se las tomó de religiones foráneas, y otras fueron en un origen dio-
ses animales del África prehistórica. Gradualmente, se fueron fundiendo en una complicada
estructura religiosa, aunque comparativamente muy pocas divinidades locales llegaron a ser
importantes en todo Egipto. Además de las ya nombradas, las divinidades importantes incluí-
an a los dioses Amón, Thot, Ptah, Khnemu y Hapi, y a las diosas Hator, Mut, Neit y Seket.
Su importancia se acrecentó con el ascendiente político de las localidades donde eran vene-
radas. Por ejemplo, la tríada de Menfis estaba compuesta del padre Ptah, la madre Seket y
el hijo Imhotep. De todos modos, durante las dinastías menfitas, Ptah llegó a ser uno de
los mayores dioses de Egipto. De manera semejante, cuando las dinastías tebanas gobernaron
Egipto, la enéada (grupo de 9 dioses) de Tebas adquirió suma importancia, encabezada por el
padre Amón, la madre Mut y el hijo Khonsu. Conforme la religión se fue desarrollando, suce-
dió que muchos seres humanos glorificados tras su muerte acabaron siendo confundidos con
dioses. Así Imhotep, que era originalmente el primer ministro del gobernador de la Tercera
dinastía, Zoser, llegó a ser conceptuado como un semidiós. Durante la Quinta dinastía, los
faraones comenzaron a atribuirse ascendencia divina y desde esa época fueron venerados como
hijos de Ra. Dioses menores, simples demonios, por ejemplo ocuparon un lugar jerárquico
entre las divinidades locales también.
- Iconografía
A los dioses egipcios se les representaba con torsos humanos y cabezas de animales o huma-
nas. A veces el animal o el ave expresaban las características del dios. Ra, por ejemplo,
tenía cabeza de halcón, y el halcón estaba consagrado a él por su vuelo veloz a través del
cielo; Hator, la diosa del amor y de la risa, tenía la cabeza de una vaca, que le estaba
consagrada; a Anubis se le asignaba la cabeza de un chacal porque estos animales destroza-
ban las tumbas del desierto en la época antigua; Mut tenía cabeza de buitre y Thot de ibis.
Amón se le representaba con cabeza de carnero para relacionarlo con la procreación y fecun-
didad. Path tenía cabeza humana, aunque ocasionalmente se le representaba como un toro,
llamado Apis. Por su vínculo con los dioses, los animales sagrados eran venerados, pero no
se les rindió culto hasta la decadente Dinastía XXVI. A los dioses se les representaba tam-
bién mediante símbolos, tales como el disco del sol y alas de halcón que se colocaban en e
tocado del faraón.
- El más allá
Al abandonar la tumba, las almas de los muertos eran supuestamente acosadas por peligros
innumerables, por consiguiente, a los cadáveres se los enterraba con una copia del Libro de
los Muertos. Parte de este libro, una guía por el mundo de los muertos, consiste en encan-
tamientos ideados para superar estos peligros. Cuando se llegaba al reino de los muertos,
el ka era juzgado por Osiris, el rey de los muertos, y asistido por 42 demonios. El Libro
de los Muertos también contiene instrucciones sobre la conducta apropiada ante estos jue-
ces. Si los jueces decidían que el difunto había sido un pecador, el ka era condenado a pa-
sar hambre y sed o a ser despedazado por terribles verdugos. Si la decisión era favorable,
el ka iba al reino celestial de los campos de Yaru, donde los cereales crecían dos veces
más que la altura de un hombre y la existencia era una versión glorificada de la vida en la
tierra. Todas las necesidades que el alma pudiera tener en esta existencia paradisíaca,
desde muebles hasta material de lectura, había que colocarlas en las tumbas. Como pago por
la vida después de la muerte y por su benevolente protección, Osiris requería que los muer-
rtos realizaran tareas para él, tales como trabajar en los campos de cereales. Podían exi-
mirse de este deber, si en las tumbas se habían depositado unas estatuillas denominadas
ushabtis, ya que éstas, en el reino de los muertos, se transformaban en sustitutos de los
muertos.
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