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El  Arca  de  la  Alianza



  En la Tradición sagrada contenida en el Antiguo Testamento no se pone ni por un momento  en
  duda que fuese el propio Yahvéh quien diera las instrucciones a Moisés para la construcción
  del Arca. Estas instrucciones fueron seguidas al pié de la letra por Bezaleel y otros "hom-
  bres hábiles a los que Yahvéh había dado pericia", quienes no sólo construyeron el Arca sa-
  grada, sino que también trabajaron en la elaboración del Tabernáculo, el candelabro de sie-
  te brazos, el vestuario de los sacerdotes, la mesa sagrada, los objetos para los que estaba
  destinada, etc.
	
  - La gran "Orden Sagrada"
	
  "...Harás un Arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho
  y otro codo y medio de alto. La revestirás de oro fino por dentro y por fuera y labrarás u-
  na cornisa de oro alrededor. Le pondrás cuatro anillos, uno en cada ángulo del Arca, dos  a
  un lado y dos al otro.  Harás también unas varas de madera de acacia y las  cubrirás igual-
  mente con oro.  Las pasarás por los anillos que están  a los lados del Arca para  llevarla.
  Estas varas estarán siempre metidas en  los anillos y no se sacarán de  ellos.  En el  Arca
  pondrás el Testimonio que yo te daré. Le harás una cubierta, el "Lugar del Perdón», de  oro
  puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho. Asi mismo harás dos querubines
  de oro macizo, y los pondrás en las extremidades de la cubierta.  Pondrás un querubín a una
  extremidad, y el otro en la otra; formarán un solo cuerpo con la cubierta, a sus dos lados.
  Los querubines extenderán sus  alas hacia arriba y sus alas  cubrirán el Lugar del  Perdón.
  Estarán de frente el uno al otro y sus caras mirarán hacia el Lugar del Perdón.  Lo pondrás
  sobre el Arca, y pondrás dentro de  ella el Testimonio que yo te daré.  Allí me  encontraré
  contigo para darte mis órdenes referentes a los hijos de Israel.  Te hablaré de encima  del
  Lugar del Perdón de en medio de los dos querubines puestos sobre el Arca del Testimonio"...
  (Éxodo 25,10-22).	
  Además de los mandamientos hay fuentes que aseguran que el arca contenía la vara de Aarón y
  un cuenco de maná.  Su transporte y cuidado solo estaba reservado a los levitas de la fami-
  lia de Caath.  El arca abría la marcha durante los años de  expedición del pueblo judío por
  el desierto y estaba siempre a la cabeza del pueblo. Para ellos era la manifestación física
  de Dios y a ella se recurría en busca de ayuda sobre todo en tiempos de guerra.
  Tener el arca era tener a Dios. Al contacto con ella, las aguas del Jordán se abrieron para
  Josué. Viajaba envuelta en una piel teñida de azul y en otra color jacinto. En el templo su
  lugar estaba en el Sancta Sanctorum, el espacio más sagrado del Tabernáculo.  Pero los ava-
  tares de la historia la obligaron a salir muchas veces del santuario.	
  
  - Peripecias y vicisitudes del Arca Sagrada
	
  Justo después de que las aguas del Mar Rojo se abrieran para que las cruzara  el "pueblo e-
  legido", comienza a hablarse del Arca. Hasta su llegada a Jerusalén y su instalación  defi-
  nitiva en  el Sancta Sanctorum del Templo de Salomón, su  pista parece  extraordinariamente
  clara.  Primero fue llevada cerca de Jericó, donde dio a Israel su primera victoria militar
  en Canaán. A continuación la instalaron en Gilgal, cerca  del Mar Muerto, para  desplazarla
  después a Siquem, donde renovó el pacto con Yahvéh que simbolizaba el Arca y su  contenido:
  las Tablas de la Ley.
  Tras un breve paréntesis en Betel, el Arca se quedó  durante una buena  temporada en  Siló,
  donde fue cuidada por la familia del sacerdote Eli y  desde donde fue llevada a la  batalla
  de Afec, en la que los filisteos se apoderaron de ella y la exhibieron después como  trofeo
  de guerra. No tardaron en devolverla siete meses más tarde.  Horrorizados por las  muertes,
  los tumores  y las epidemias que según  ellos provocó, la abandonaron sobre un carro tirado
  por dos vacas.  En su trayecto  varias personas murieron por el trato poco reverente que le
  dedicaron.
  Para entonces, el Arca se quedó en Bet Semes, provocando  la muerte de setenta  hebreos que
  intentaron mirar en su interior, quién sabe si para comprobar si faltaba algo de su precio-
  so contenido. Lo cierto es que el miedo al Arca hizo que ésta se "exiliara" a Quirat Jearim
  donde fue custodiada durante veinte años por un cierto Abinadab, hasta que el rey David  se
  propuso llevársela a Jerusalén.  En el traslado murió Oza, un  joven encargado del  cuidado
  del Arca, quiso sujetarla durante un bamboleo para que esta no se estrellase contra el sue-
  lo. El joven Oza cayó fulminado. El arca no había tenido en cuenta sus buenas  intenciones.
  David atemorizado la dejó durante tres meses en casa de Obededom de Gat.  Una vez pasado el
  incidente, se preparó una tienda en Jerusalén donde estuvo el Arca hasta que Salomón termi-
  nó su Templo. Y fue allí, curiosamente en el lugar más seguro de todos en los que estuvo el
  Arca, es cuando se pierde la huella.  Es aqui donde terminaría su historia y comenzaría  la
  leyenda...
  
  - El Arca en Etiopía
	
  Etiopía es un país lleno de misterios, desde su nombre cuyo significado es "rostro quemado"
  pasando por ser la cuna del fascinante Nilo Azul, hasta las iglesias  excavadas en la  Roca
  de Lalibela, cuya secreta construcción aún no ha conseguido ser desentrañada por  los estu-
  diosos.
  Pero los misterios no han hecho más que comenzar. Estas tierras contienen restos  paleonto-
  lógicos de los orígenes de la humanidad, monolitos que llegan  a alcanzar los 34 metros  de
  altura bellamente decorados, restos del magnífico Palacio de la Reina de Saba o el Arca  de
  la Alianza guardada por los muros de la Iglesia de Santa María de Sión  en Axum, que  según
  cuenta la leyenda fue traída a este  país por Menelik I, el hijo de la  Reina de Saba y  el
  sabio Salomón.  Cuenta la leyenda que el primer emperador de Etiopía fue Menelik, por  ello
  los monarcas etíopes se denominaban "negus" cuyo significado es "Rey de Reyes".
  En cuanto a las hipótesis sobre el paradero del Arca Sagrada, señalaremos  en primer  lugar
  la aportada  por el incansable investigador británico Graham Hancock, narrada en su bestse-
  ller Símbolo y Señal, el cual  durante muchos años siguió la pista  del Arca de la  Alianza
  desde su misteriosa desaparición bíblica.  En 1983 Hancock oyó hablar por primera vez de su
  conexión  con Etiopía, mientras escribía un libro sobre este país africano. Hancock fue co-
  rresponsal político  en Etiopía y en su visita a la ciudad de Axum, conoció al que afirmaba
  ser guardián del Arca o Tabot.  Se trata, como indica Hancock, de  nueve trozos de  madera,
  "cuadrados unos, otros rectangulares, ninguno de más de dieciocho pulgadas  de largo, y  de
  ancho ni más de tres de grueso", siendo la mayoría muy simples, "pero todos llevaban alguna
  inscripción que reconocí como ge'ez, la antigua lengua litúrgico de Etiopía", y algunos po-
  cos "tenían también grabadas cruces y otros emblemas", quien le relató la leyenda del	 hijo
  de Salomón y Belkis, y su relación con el objeto sagrado.
  En 1989 un periodista británico hizo una  declaración que sacudió al  mundo.  La legendaria
  Arca Perdida no se encontraba perdida en realidad sino a salvo, escondida en una iglesia de
  Etiopía a donde había sido trasladada secretamente hace más de 1000 años.
  Pero si el Arca estuvo todo este tiempo en Etiopía, cómo pudo el  resto del mundo no  darse
  cuenta de ello.  Parte de la respuesta puede estar en  la leyenda de cómo se  transportó el
  Arca desde Israel hacia Etiopía.  La Biblia narra que en tiempos de Salomón, Jerusalén  era
  visitada por la misteriosa reina de Saba. Los etíopes creen que era una reina	etíope. Cuen-
  ta la leyenda que de la unión de Salomón y la reina de Saba, nació Menelik I, primer rey de
  Etiopía.  Años más tarde Menelik fue enviado a casa de  su padre en Jerusalén para  recibir
  educación, a pesar de los esfuerzos de Salomón para que se quedara, Menelik regresó a Etio-
  pía con el primer hijo del sumo sacerdote.  La tradición cuenta que se llevaron consigo  el
  Arca y la  colocaron en una especie  de tabernáculo en un  templo en la isla de Elefantina,
  cerca del río Nilo, donde permaneció por 800 años hasta que el rey Ezana de Etiopía la lle-
  vó hasta su emplazamiento actual en Axum. ¿Qué sucedió luego de esos 800 años? Etiopía  fue
  convertida al Cristianismo y el rey cristiano llegó con sus ejércitos, llevó el Arca a Axum
  y la colocó en la Iglesia de Santa María de Sion donde esta desde entonces.
  Extrañamente el Arca es el punto central del culto y la adoración cristiana en Etiopía, ca-
  da una de las 20.000 iglesias de Etiopía contiene una réplica del Arca de la Alianza.
  Al Dr. J.O. Kinnaman, fundador del Museo Nacional de Etiopía, se le  permitió entrar  en el
  templo de Santa María de Sión en Axum para que contemplara el Arca que allí se custodia. No
  pudo tomar fotografías, pero si realizó unos bocetos.
  Tesis parecida a la de Hancock sostiene el escritor Grant Jeffrey, en Profecías de  Armage-
  dón, que narra una conversación  con el príncipe Stephen  Menghesa, biznieto del  emperador
  Haile Selassie y supuesto descendiente directo, por  tanto, de Salomón y Menelik.  Menghesa
  refirió a Jeffrey que tras la proclamación del Estado de Israel en 1948, muchos falashas e-
  tíopes empezaron a discutir planes para el retorno del Arca de la Alianza a Israel y ayudar
  a la construcción del Tercer Templo, que  contribuiría a una auténtica  atmósfera de  paz y
  concordia, uniendo a cristianos, judíos y musulmanes y enterrando para siempre las voces a-
  migas de la eterna discordia, ideal que muchos atribuyen también a la Orden del Temple.
	
  - El Arca en el monte Calvario
	
  El gran  arqueólogo Ron Wyatt  asegura, en  cambio, que el Arca  auténtica (pues al parecer
  existen innumerables réplicas), se encuentra enterrada bajo el monte Moriah, en el Grotto o
  caverna en la que Jeremías  escondió el Tabernáculo, el Arca de la  Alianza y el Altar  del
  Incienso, cerrando después la entrada.
  El lugar señalado por Wyatt para iniciar la búsqueda, la cual emprendió en compañía de  sus
  dos hijos, era un vertedero situado a lo largo de la escarpada ladera del monte Moriah, que
  algunos denominan la "pared del Calvario" y cuyo relieve dibuja una especie de  calavera a-
  lusiva al Gólgota donde Jesús fue crucificado.
  Después de investigar los alrededores, el arqueólogo decidió excavar perpendicular a la ro-
  ca. Después de casi dos años de trabajo, terminó descubriendo una cueva de cinco por  cinco
  metros, y tras introducirse en ella comprobaron que estaban bajo el  monte Moriah.  El 6 de
  enero de 1982, después de una intensa búsqueda en todos los pasadizos y cavidades encontra-
  dos, Wyatt halló lo que buscaba.  Bajo la tenue luz de su  linterna adivinaba  una caja  de
  piedra con la tapa partida en dos y justamente encima, en el techo de la  cueva, distinguió
  una grieta ennegrecida por algún sedimento.  Alcanzó la caja y comprobó que la hendidura de
  la tapa estaba impregnada de la misma sustancia del techo.  Sin embargo, dada la escasez de
  espacio para moverse volvió días después con unos instrumentos  ópticos especiales de  cuya
  lectura dedujo que el contenido de la  caja no era otro que el Arca  de la Alianza.  Poste-
  riormente, el propio Wyatt pudo comprobar que la grieta del techo era la prolongación natu-
  ral de otra que había visto en un agujero que él había interpretado como base de apoyo para
  la cruz de Jesús.  Wyatt dedujo que la sustancia negra podría ser sangre que se hubiera co-
  lado por la grieta manando directamente sobre la caja de piedra y, claro, sobre su conteni-
  do. Por la posición de las salpicaduras en la tapa, aquella sangre, supuestamente de  Cris-
  to, habría caído directamente sobre el Propiciatorio del Arca... de estar allí dentro.
  Wyatt informó a las autoridades israelíes sobre su descubrimiento, pero  éstas -bien por no
  creerlo, o por  temer  las reacciones  tras una noticia de ese  calibre-, le "recomendaron"
  mantener el secreto. Lo cierto es que, tras su  gestión, Wyatt selló la entrada al  túnel y
  aún hoy el Arca podría seguir allí abajo.
	
  - El Arca en el monte Nebó
	
  En la Biblia (Macabaeos 2, 1-8) se refiere como el profeta Jeremías ocultó secretamente  el
  Arca y el altar de los holocaustos en  una gruta situada en "el monte al  que subió  Moisés
  para contemplar la heredad del Señor". Ese monte desde el cual Moisés divisó la Tierra Pro-
  metida que nunca iba a pisar, pues murió en el desierto, es el  antiguo monte Nebó (identi-
  ficado hoy con el moderno Jaban an-Naba), un lugar que se encuentra a unos cincuenta  kiló-
  metros de Jerusalén, en línea recta, dentro ya de territorio  jordano.  Tal como  señala el
  veterano ufólogo español Antonio Ribera en su artículo "En busca del Arca perdida", "no ha-
  ce falta imaginarse lo que  podría pasar, si  esta sagrada reliquia  judía cayese en  manos
  árabes". Ribera asocia el Arca de  la Alianza a la  mítica máquina  productora de  maná, el
  alimento de los israelitas durante el éxodo.
  Del texto bíblico podría deducirse que Jeremías retiró el Arca de su emplazamiento origina-
  rio y lo trasladó al monte Nebó. Lo que no dice la Biblia es si el Arca fue llevada después
  a Jerusalén cuando los judíos regresaron de su exilio en Babilonia en el 538 a.C. y recons-
  truyeron el templo.
  En los años veinte de este siglo, Anthony F. Futterer  buscó el Arca en el  monte Nebó.  Al
  parecer la encontró, y antes de morir, dejó pistas de su  emplazamiento a un tal  reverendo
  Clinton Locy. En 1981, Tom Crotser, arqueólogo estadounidense visitó al reverendo y  consi-
  guió una copia de la inscripción que Futterer había visto fuera del túnel bajo el Nebó. Se-
  gún Crotser, la traducción de esa inscripción era "aquí yace el Arca  de la Alianza".  Locy
  también proporcionó a Crotser un croquis del túnel, motivo  por el cual  este último  viajó
  hasta Jordania en octubre de 1981.
  En el monte Pisagh (en la misma cordillera del  monte Nebó) encontraron una cavidad  que se
  correspondía con la entrada de la gruta.  Sin permiso oficial, quitaron la plancha de hoja-
  lata que cubría la entrada y se introdujeron en el pasadizo el 31 de octubre de 1981. Atra-
  vesaron varios ensanchamientos en forma de  nichos y Crotser tuvo que  romper dos muros  de
  barro y roca que bloqueaban el camino.  Hacia el final del pasadizo, encontraron otro  muro
  más robusto y sin inscripciones. Al derribarlo apareció ante ellos una cámara tallada en la
  roca. Crotser opinaba que esta cámara estaba debajo de una antigua iglesia bizantina con la
  que se comunicaba mediante un pozo vertical.  El investigador afirma haber visto en esa cá-
  mara la mismísima Arca de la Alianza.  La describió como  una caja de oro de 1,55 metros de
  largo por 93,5 centímetros de ancho y otros 92,5 de alto. No tocó la caja por temor a reci-
  bir una descarga, pero obtuvo varias fotografías y la midió.
  Los querubines de oro no estaban en la  tapa, aunque en una esquina  de la cámara vio  unos
  bultos envueltos en gasa que podrían ser las imágenes de los ángeles.  También estaban  los
  palos usados para transportar el arca y los anillos de oro en sus laterales. Después, Crot-
  ser y sus compañeros fueron a Ammán, donde intentaron infructuosamente interesar  a las au-
  toridades jordanas en su hallazgo.
  A su regreso a Estados Unidos, la agencia de prensa UPI divulgó un comunicado en el  que se
  afirmaba que se había encontrado el Arca. La noticia apareció en la mayoría de los periódi-
  cos del mundo. A pesar de ello, este hallazgo no encontró la notoriedad que buscaba, ya que
  la única fotografía del "arca" era de muy mala calidad y  mostraba una caja de  aspecto mo-
  derno con clavos y tiras metálicas, quizás cortadas a máquina.
	
  - El Arca bajo el Templo
	
  Los textos religiosos judíos registran dos paraderos del Arca.  Según la Misná y el Talmud,
  fue enterrada en uno de los túneles secretos excavados bajo el monte del Templo.  El  ente-
  rramiento habría sido obra del rey  Josías que, alertado por una  profecía sobre la  futura
  profanación del Sancta Sanctorum (Santo de los Santos) por los babilonios, la ocultó en una
  gruta secreta y cegada bajo la Setiyyah o Piedra de la Fundación, un axis mundi que no  era
  sino el suelo del Sancta Sanctorum sobre el que reposaba el Arca.
  Una cita del sabio árabe Maimónides (1135-1204) dice: "... cuando Salomón mandó levantar el
  Templo pronosticó su  destrucción e hizo construir una  cueva secreta, muy  profunda, donde
  Josías dio instrucciones de esconder el Arca de la Alianza". Esta información, que Maimóni-
  des atribuye a un judío llamado Arabaita, pudo haber inspirado una  expedición que en  1908
  buscó el Arca bajo el antiguo Templo de Salomón.  La Expedición Parker comenzó su  tarea en
  el palacio-museo de Topkapi, en Estambul, donde el biblista sueco Walter H. Juvelius encon-
  tró un código sagrado en un manuscrito del Libro de Ezequiel.  Afirmaba que ese código des-
  cribía que el emplazamiento exacto de  los tesoros perdidos  estaba bajo el  templo, en  un
  lugar al que se accedía por un complicado sistema de túneles. Juvelius se asoció al capitán
  Montague Parker bajo el mecenazgo de la duquesa de  Marlborough, para sacar  el Arca de  su
  presunto escondite.
  Conseguir los permisos pertinentes para excavar bajo  Jerusalén sólo fue posible  gracias a
  una larga cadena de sobornos. Y gracias a ellos, entre 1909 y 1911 el grupo descubrió vari-
  os pasadizos secretos. Pero su búsqueda se detuvo bruscamente el 17 de abril de 1911 cuando
  Parker y sus hombres intentaron entrar en una gruta natural, justo debajo de la Roca Sagra-
  da sobre la que estuvo colocada el Arca en la época del llamado Primer Templo.  El atrevido
  británico y su equipo descendieron con ayuda  de cuerdas a la gruta y  empezaron a  retirar
  las piedras que bloqueaban la entrada a una galería antiquísima. Desafortunadamente, uno de
  los celadores que estaba pasando la noche en el templo, oyó los ruidos de  los trabajos  de
  la expedición. Rastreo el desplazamiento del grupo hasta la Roca Sagrada, y horrorizado  al
  descubrir extranjeros bajo el Sancta Sanctorum, corrió a la ciudad  para avisar a la  gente
  sobre la profanación que se estaba cometiendo. En menos de una hora, una multitud enfureci-
  da por el rumor de que unos extranjeros estaban robando  el Arca de la Alianza y la  espada
  de Mahoma se concentró frente a los  muros del Templo.  El gentío estaba  dispuesto a hacer
  pagar con la vida semejante delito aunque, por suerte, Parker y  el resto de la  expedición
  consiguieron escapar a Jerusalén y de allí al puerto de Jaifa, donde embarcaron  precipita-
  damente.  Parker no se trajo consigo ni  una sola prueba que avalara la  existencia de  los
  tesoros de Salomón, pero sí demostró la existencia de túneles secretos bajo el templo.  Una
  evidencia que podría confirmar que siglos atrás hubieran sido visitados por los templarios,
  quizás con más fortuna a la  hora de arrebatar  las codiciadas  riquezas.  Lógicamente, los
  monjes guerreros emplearon nueve largos años en excavar y buscar por  los túneles, sin  que
  nadie les importunase.
  Randall Price publicó en 1993 en Messianic Times un artículo en el que afirmaba que los ar-
  chivos rabínicos antiguos mencionan que el Arca fue sacada  del Segundo Templo y  escondida
  en un lugar secreto bajo el almacén de leña del Templo. El propio Price dice que "basándose
  en la descripción histórica de la situación del almacén de leña y del  conocimiento  actual
  de los pasillos subterráneos bajo el monte Moriah, se cree que  hay un túnel que  conduce a
  una cámara a unos cuarenta y ocho pies bajo la superficie, que se supone alberga el  Arca".
  Una afirmación ésta perfectamente compatible con los hallazgos de Wyatt en sus excavaciones
  en 1979, en las que asegura  encontró el Arca impregnada de la  mismísima sangre  derramada
  por Jesús durante la crucifixión.  Sorprendentemente (o no) los  trabajos arqueológicos  de
  Wyatt fueron vetados por el Gobierno israelí antes de que culminasen. Lógicamente, de salir
  a la luz los descubrimientos de Wyatt, podría haberse demostrado que Jesús fue realmente el
  Mesías, el Hijo de Dios encarnado, cosa que los judíos no pueden admitir.
	
  - El Arca en las ruinas de Gilgal
	
  El arqueólogo Vendyll Jones comunicó en 1994 a la agencia de prensa Reuters que conocía  la
  situación exacta del Arca gracias a unas fotografías de alta  resolución de Israel  tomadas
  desde un satélite de la NASA. Las imágenes mostraban una explanada rectangular, rodeada por
  los restos de una muralla. Después de tres meses de excavaciones, Jones y sus colaboradores
  concluyeron que aquel yacimiento reproducía a escala el Templo de Salomón.
  Esta minirréplica se encuentra en Gilgal, la ciudad descrita en el Antiguo Testamento  como
  el punto de partida para el ataque de Josué contra Jericó.
  Jones declaró que la muralla exterior hacía las veces de pared ritual para el  Tabernáculo,
  el lugar donde se supone se encontraba el Arca... o su réplica.
  El Dr. Vendyll Jones -cuyas investigaciones inspiraron a Spielberg el personaje de  Indiana
  Jones- sigue buscando en Israel el paradero del Arca de la Alianza. En la actualidad, Jones
  trabaja en Qumran, realizando excavaciones en las llamadas Cuevas de la Columna y las Espe-
  cias. Su interés por este sitio surgió a raiz de descifrarse una  parte del Rollo de  Cobre
  encontrado en 1952, que consiste en una lista de  objetos del Sancta Sanctorum del  Templo,
  indicándose hasta sesenta y dos lugares donde se ocultaron objetos litúrgicos tras la  des-
  trucción del Segundo Templo.  Vendyl Jones dice que el Arca de la  Alianza está en la rela-
  ción y se halla en la ciudad de Gilgal, tal como reivindicó él en su día.
	
  - El Arca en Alemania
	
  En su libro "La copa esmeralda", un coronel  médico norteamericano, Howard  Buechner, narra
  que el Arca de la  Alianza, junto con el tesoro de  Salomón, llegó a Francia gracias a  los
  visigodos y no a los templarios. Este escritor afirma que el año 70 d.C., como consecuencia
  de un levantamiento de los judíos, el general  romano Tito redujo a escombros la  ciudad de
  Jerusalén y el Templo de Salomón que reformara Herodes.
  Tras la destrucción, los romanos realizaron excavaciones para buscar el tesoro del  templo,
  "peinando" también la zona de los establos.  Pues bien: Buechner afirma que tuvieron  éxito
  en sus trabajos y encontraron el Arca, así como otros tesoros de gran valor.
  Tras ello, Tito envió el botín a Roma y ordenó erigir en el Foro un monumento que  conmemo-
  rara la victoria sobre Palestina. En uno de los relieves del Arco de Tito se ve todavía hoy
  a un grupo de soldados transportando un enorme candelabro de siete brazos, que bien pudiera
  ser el que acompañaba al Arca en tiempos de Moisés. A pesar de la gran erosión de las figu-
  ras, se puede observar que dos soldados llevan algo suspendido entre dos palos apoyados so-
  bre sus hombros.
  Para el investigador inglés Michael  Baigent, esa era el Arca.  Según él, una vez en  manos
  romanas pasaría de un emperador a otro hasta la cristianización del Imperio, cuando  quizás
  iría a parar al Vaticano.
  Pues bien: en el año 410 d.C., el rey visigodo Alarico se tropezó con ese tesoro durante el
  tercer asalto a Roma trasladándolo a Francia y escondiéndolo en el último reducto visigodo,
  al sur de Carcasona, en la provincia gala del Languedoc, cerca de los Pirineos.
  Según Buechner, los visigodos habrían escondido el tesoro en una gruta, donde sería olvida-
  do.
  Pero en 1931 el historiador alemán Otto Rahn fue a Languedoc a buscar el Tesoro de salomón.
  Aunque no se sabe que encontró en esa primera vista, debió ser lo suficientemente relevante
  como para que Heinrich Himmler lo enviara de nuevo a realizar una  exploración más a  fondo
  en 1937, financiado por el partido nazi. Murió poco después y hubo que esperar hasta 1942 a
  que los nazis fueran derrotados en Rusia para llevar a cabo una misión que parecía  imposi-
  ble.
  Otto Skorzeny, jefe del comando que rescató a Mussolini, fue quien dirigió el nuevo  inten-
  to. Tras elegir un equipo compuesto por escaladores y alpinistas de primera  fila, estable-
  ció su cuartel general en Montsegur.  En primer lugar organizó una avanzadilla para recono-
  cer las montañas cercanas y la fortaleza cátara, descubriendo la ruta que éstos usaron para
  escapar del asedio católico en el siglo XIII.  Se trataba de una pared vertical y lisa, im-
  posible de escalar, pero accesible para descender, quizás con el tesoro a cuestas.
  Lo cierto es que al pie de esta pared encontraron un sendero que conducía a las cumbres más
  elevadas y, finalmente, a una gruta con "algo" dentro.  Era el día 15 de  marzo de 1944, la
  víspera del setecientos aniversario de la caída de Montsegur.  Se piensa que los expedicio-
  narios trasladaron el Arca y el resto del tesoro a Alemania, donde seguiría  oculto, quizás
  en las Cuevas de Externstein, cerca de Wewelsburg, donde estuvo el palacio de Himmler.
	
  - El Arca en Francia
	
  En 1128 se produce el retorno a Francia de Hugo de Payns y al menos cinco de sus caballeros
  con un mensaje de Balduino II, Rey de  Jerusalén, al Papa, demandando socorro por la  falta
  de combatientes para proteger el nuevo reino cristiano.  Pero Hugo de Payns no es un conse-
  jero del Rey, que por lo general se escogían para aquella clase de misiones, ni está enfeu-
  dado en Tierra Santa. De hecho, no es Balduino II quién envía al caballero  templario, sino
  que "aprovecha" un viaje de este para encargarle la misión.  Y Hugo de Payns parte con casi
  todos, sino con todos, sus compañeros.  Es evidente que no se desplaza a todos los caballe-
  ros para transmitir un simple mensaje.  Hubo una orden venida del otro lado; el propio  San
  Bernardo, de forma muy explícita, reconoce en los  preliminares de la Regla que va a  dar a
  la Orden del Temple, tanto que ha llamado a los Caballeros, como que su misión ha sido cum-
  plida. Y si los caballeros han  sido desplazados en tan  gran número es por que  escoltaban
  algo que debía ser custodiado, algo particularmente valioso.
  Estas conclusiones no se hacen a la ligera.  Louis Charpentier, en su obra "El enigma de la
  catedral de Chartres", nos indica que en el  pórtico norte de dicha  catedral, curiosamente
  llamado de los "Iniciados", existen dos columnitas en cuyo relieve esculpido ostentan, una,
  la imagen del transporte del Arca en un carro de bueyes, con la leyenda Archa cederis ("o-
  brarás por el arca"), y la otra muestra a un hombre que cubre o agarra con un velo el Arca,
  junto a un montón de cadáveres entre los que se halla un caballero en cota de malla, con la
  leyenda: "Hic amititur Archa cederis".  Ni que decir tiene que la catedral de  Chartres, en
  Francia, es de estilo gótico, y de origen, evidentemente, templario. Este mismo autor, des-
  vela en la obra referida la curiosa disposición arquitectónica de la  catedral, coincidente
  en ciertos aspectos  con el desaparecido Templo de  Salomón, e incluso con  la pirámide  de
  Keops en Egipto. Incluso en el interior de la Gran Pirámide, en la llamada "cámara del Rey"
  existe un "sarcófago" (sic) cuyas medias interiores son idénticas a las del Arca  que  Yavé
  mandó construir a Moisés.  Además, el mismo Moisés y el pueblo hebreo  que el guiaba  venía
  del país de los faraones, donde Moisés fue iniciado en las ciencias, ya que fue criado como
  príncipe, según las Sagradas Escrituras. ¿Casualidades todas ellas?.  Chartres, entre otros
  misterios, incluye el que a occidente de la parte baja del crucero sur de la  catedral, hay
  una piedra rectangular, empotrada al sesgo en las otras losas, cuya blancura resalta  neta-
  mente sobre el matiz grisáceo del enlosado.  Esta piedra está marcada con una espiga de me-
  tal brillante, ligeramente dorado.  Y cada año, el 21 de junio, un rayo de sol cae  exacta-
  mente sobre la blanca piedra. Esta particularidad (parece improbable un capricho  del enlo-
  sador) podría indicar algo, algo que, teorías diversas señalan como una señal de la  oculta
  Arca.  Aparte de la Catedral francesa, merece un puesto  de honor la Abadía de  Rosslyn, en
  Escocia, cercana a Edimburgo. Después de la disolucion de la Orden del Temple, entre 1307 y
  1314, muchos de los supervivientes se trasladaron a Escocia, y Rosslyn fue el ultimo reduc-
  to templario.  Algunos eminentes investigadores, como Robert Goodman, sospechan que  podría
  ser el emplazamiento definitivo del Arca de la Alianza que los Templarios habrían llevado y
  escondido allí, junto con sus otros tesoros, nunca hallados.
	
  - El Arca en el Vaticano
	
  Otras fuentes afirman que cuando las tropas italianas desalojaron Eritrea, llevaban a Roma,
  como trofeo secreto, el Arca, conservándose desde entonces en el Vaticano, gracias a un fa-
  vor del gobierno fascista de Mussolini.
	
  - María: ¿La Verdadera Arca de la Alianza?
	
  El Arca de la Alianza, mencionada más de 200 veces en el Antiguo Testamento y dos veces  en
  el Nuevo, no sabemos donde está ahora o si todavía existe. Sin embargo, como podemos a des-
  cubrir en el evangelio de Lucas 1:39-45, hay una Nueva Arca que es mucho más importante.
  El Arca contenía tres cosas: los diez mandamiento, el maná y el bastón del sacerdote Aaron.
  Para los israelitas era la mera  presencia de Yavé, tan sagrada que  tuvieron que  cargarla
  con palos para no tocarla. Si alguien lo tocara, inmediatamente moriría (2 Samuel 6:7).
  Cuando el Arca iba camino a Jerusalén, sucedieron tres cosas que se relacionan con el evan-
  gelio de Lucas - la Visitation:
  1. David en reverencia a Dios preguntó: "Quien soy yo  para que el Arca de Yavé me  visita-
  ra?" (2 Sam 6:9).
  2. El Arca se quedó tres meses en un pueblo de Judea, cerca  de Jerusalén, trayendo  bendi-
  ciones para la casa de Obededom. (v. 11).
  3. Cuando el Arca llegó a Jerusalén, David brincó con alegría, danzando ante ella. (v.14).
  Isabel dice a María, "Quien soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?" Llena del
  Espíritu Santo, le dice a María que el niño saltó con gozo en su seno. Y la Virgen se quedó
  tres meses con su prima antes de regresar a su propia casa.
  ¿Estos paralelos son puras coincidencias? Los  Padres de la Iglesia no  lo pensaban.  Ellos
  reconcieron a la Virgen María como la verdadera Arca de la Alianza.  Por ejemplo San Atana-
  sio dijo, "O, Virgen María, tu eres el Arca, el cofre de oro que contiene la verdadera maná
  es decir, la carne en que reside la divinidad".
  Al final de la Biblia, San Juan tiene una  visión celestial del  Arca (Rev. 11:19).  En  el
  versículo siguiente descubrimos quien realmente es el Arca: "Una mujer vestida del sol, con
  la luna a sus pies".
  Así podemos entender que el Arca era un signo - sombra de una realidad que viene.  Es  como
  una foto que representa algo real. Es como si alguien tuviera en su cuarto una foto  de al-
  guna persona muy querida, tal vez miraría la foto varias veces al día y rezaría por aquella
  persona. Pero si ella entrara a su  cuarto, no va a mirar a las  fotos, miraría  a ella, es
  decir, no necesita la imagen porque la persona "está presente".
  El Arca de la Alianza ha desaparecido de la historia. A pesar de diferentes teorias, no sa-
  bemos que pasa con ella. Pero no importa mucho, porque ahora tenemos la realidad, la perso-
  na representada por el cofre.
  Sobre muchos de los altares se tiene el retrato de la "mujer vestida del sol, con la luna a
  sus pies." Es la Virgen María, a la  cual muchos le  rezan: "Arca de la Alianza, Ruega  por
  nosotros".
	
  - Conclusión
	
  En la Biblia podemos encontrar en Macabeos libro II cap II, el instante de su pérdida . Je-
  remías intentaba salvarla del saqueo enemigo, subió al monte al cual había ascendido Moisés
  para contemplar desde él la tierra prometida y allí encontró una cueva.  En ella la  ocultó
  tapiando la entrada. Cuando Jeremías supo que alguno de los hombres que lo  acompañaban ha-
  bían vuelto para poner señales y no perder el  camino, él les recriminó  diciéndoles: "Este
  lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a congregar a su pueblo y tenga de él mise-
  ricordia, entonces dará a conocer el paradero de estas cosas..." 
  Y con la sentencia de Jeremías el Arca de la Alianza desapareció de la historia. Los judíos
  actualmente tienen en sus sinagogas  una reproducción del arca  que contiene la Torah  y a-
  guardan por la aparición del original.  Esta "espera" , sin embargo, ha dado  origen a  una
  búsqueda que ha inspirado a creyentes y cazadores de fortunas durante milenios. La búsqueda
  sigue siendo hoy objeto de ficción popular.  Ansiada por caballeros cruzados, místicos, ar-
  quéologos y aventureros, el Arca perdida de la Alianza ha inducido a generaciones enteras a
  la búsqueda.
	
	
	
Arca de la Alianza
Fuentes de informacion: * Sir Auras http://historia.templarios.net * Sergio Fuster. sergio@fuster.net




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